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Los Talibán de la Ciudad de México…

...Adiós viejas llaves de mi ilusión
10.09.2021 12.00 AM

¡FEBRIL COMO LA MODA!

¡IGNORANTES Y PELIGROSOS COMO CIEGOS EN UN MUSEO!

En marzo de 2001, cuando “los talibanes” hicieron explotar las dos estatuas gigantes de Buda -una de 55 metros de altura y la otra de 38 metros- ubicadas en la población de Bamiyán, en Afganistán, ignoraron la voces de la cordura que provenían de todas partes del mundo señalando la monstruosidad que estaban a punto de cometer al destruir a los dos budas más grandes del planeta -con más de 1500 años de antigüedad- solo porque a ellos no les gustaban, pues su ideología es de Mahoma, no de Buda. ¡Así, no más!

En aquella época llegue a escuchar, aquí en México, que Los Talibán eran unos salvajes por destruir patrimonio artístico y cultural que representaba el pensamiento de miles de seres humanos de muchas generaciones anteriores que habían legado tan esplendorosa obra al patrimonio artístico de la humanidad.

¡No me sorprendería que, entre ellos, hubiese alguno que otro que ostente “doctorados” de la UNAM o sean actuales funcionarios de uno u otro poder transformador!

Como si fuera ayer -en 1877- se erigió en la Ciudad de México un monumento al navegante Cristóbal Colón. La historia de como ese monumento se planeó y finalmente pudo colocarse sobre ese pedestal en la avenida de La Reforma es una historia muy interesante, que, si bien la mayoría de los mexicanos ha olvidado, no por eso deja de ser extraordinaria en muchos de sus aspectos.

No seré yo quien cometa la osadía de querer explicar esa historia, pero la idea de ese monumento viene de los años 60´s en el lejano siglo XIX: Fue un proyecto impulsado por el emperador Maximiliano y que después, muchos seguidores de Juárez también lo adoptaron como propio, por interés histórico de la nación. Pero como suele suceder en este tipo de casos, todo quedó en idea y solo se conservaron los bocetos del escultor Manuel Vilar a quien inicialmente se encargo la obra.

Algunos años después en 1871 la idea fue rescatada por el empresario don Antonio Escandón -por cierto, de ahí viene el nombre de la Colonia Escandón- quien, junto con un grupo de ciudadanos, retomó el proyecto del monumento encargándoselo, esta vez, al escultor Ramón Rodríguez, quien, ni tardo ni perezoso, aprovechó los bocetos de Manuel Vilar.

Muchos recordaban la donación de miles de viejas llaves que los ciudadanos dieron con mucha ilusión para ser fundidas en favor de ese gran monumento.

Pero la historia no termina ahí pues resulta que Antonio Escandón, viajando por Europa, se enamora de los trabajos escultóricos de Charles Cordier, a quién encarga la escultura de Cristóbal Colón olvidando que ya se la había pedido en México a Ramón Rodríguez. ¡Se pueden imaginar el enojo de Ramón cuando se enteró que Charles Cordier sería el que haría la estatua de Cristóbal Colón!

Ramón nunca lo perdonó y el resto de su vida lo dedicó a decir -a quien quisiera oírlo- que Cordier había plagiado la idea original de Manuel Vilar. En todo caso, las estatuas de fray Pedro de Gante, Bartolomé de las Casas, fray Juan Pérez de Marchena y fray Diego de Deza, así como unos relieves a los costados del pedestal son un diseño de Ramón Rodríguez Arangoiti. ¡La historia no acaba ahí, pero dejémosla así!

¡Casi 150 años han pasado desde el día que se inauguró!

Niños, adultos y ancianos conocemos esa parte de la Ciudad de México como la “La Glorieta de Colón” -como si de verdad perteneciera al navegante y los frailes que le acompañan- y bien pensado, efectivamente pertenece a ellos y a aquel niño que -a instancia de mamá- donó una vieja llave, con toda ilusión, para dejar una obra histórica y de arte a la posteridad. ¡Un legado artístico extraordinario! Ha sido también lugar donde la gente se da cita, que se usa como referencia y en el cual, desde hace más de un siglo, ¡cientos de parejas se tomaron las fotos de boda!

No me cuesta mucho imaginar a los niños que hace casi siglo y medio pensaban que hacían algo para la posteridad, que duraría por años, mas allá de sus vidas -pues aun los bebés de la época ya murieron- que dejaban un legado que duraría por siempre…. Siempre hasta la llegada de los talibanes mexicanos.

¡Febril como la moda! ¡Ignorantes como ciegos en un museo! quieren una estatua para una mujer, inexistente y anónima de pueblos originarios. ¡Bien! Pero no destruyan lo que existe por años y dedíquense a buscar otro lugar: Que la nueva estatua se gane el aprecio de la gente y construya su propia historia, pues esa glorieta será siempre la Glorieta de Colón.

Finalmente: La Catedral y el Castillo de Chapultepec y el Palacio de los Virreyes -hoy llamado Palacio Nacional- obra de los españoles conquistadores o el “Ángel de la Independencia”, el Palacio de Bellas Artes de Porfirio Diaz, esos ejemplos de arte y arquitectura por fortuna estarán por siempre… siempre, hasta una nueva ocurrencia, de los talibanes de la ciudad.

“Muchos recordaban la donación de miles de viejas llaves que los ciudadanos dieron con mucha ilusión para ser fundidas en favor de ese gran monumento.”



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