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El Panteón de los Vivos: Sobre la demagogia

La demagogia destruye, anquilosa y entorpece
31.03.2021 12.00 AM

Desde la antigüedad los griegos hicieron una inteligente clasificación de los gobiernos, misma que sigue siendo tan válida hoy como lo fue es un momento, contrario a la opinión popular, el amor de los griegos por la democracia -que fue sobresaltada recientemente apenas en la ilustración- fue un amor pragmático en donde supieron que la democracia no era otra cosa que una miseria en cooperativa.

Aristóteles -siempre organizado- dejó claro que, a la poderosa dictadura, máxima forma aspiracional del Gobierno era en la que les podía ir muy bien a todos, si, solo si, el dictador era muy bueno, o muy mal sí, por desgracia, -el dictador- resultase corrupto e inepto, era la forma que debería estar en la cúspide de las formas de Gobierno- A está seguía la aristocracia y las formas degeneradas de ambas -dictadura y aristocracia- serían la tiranía o la oligarquía respectivamente.

¡Qué afortunados serían los hombres, reflexionaba Aristóteles, sí fuesen gobernados por gente competente y capaz de conducir a sus pueblos por caminos armoniosos y triunfantes! O, en su caso, donde una fina aristocracia dirigirse los destinos de una ciudad en beneficio de todos. Como extrañaba Aristóteles a su viejo maestro Platón -con el que, debemos decir, a menudo no coincidía- cuando diseño en “su” República una educación estatal que pudiera filtrar, como en un excelente tamiz, una clase de oro, una clase dorada que estuviera educada para gobernar.

No solo la República de Platón habla de los grandes valores de una clase gobernante si no son muchos los filósofos de la época que coinciden en la necesidad imperiosa de que la calidad del gobernante fuese insospechadamente buena por lo que era importante educarlo desde muy joven para su misión.

En todo caso, a la democracia, se le deja en el último escalón, el más débil, aquel donde un pueblo ignorante toma las riendas y que -si dé por sí este sistema no es óptimo- todavía puede degradarse cuando es manipulado por un oclocrata que maniobra los sentimientos de la chusma para alterar la historia y pervertir todo lo que sea parte del Gobierno.

Un oclocrata cree que transformará con tan solo su visión del mundo, pero olvida que en ocasiones es la historia la que suele transformar a las personas que creen que la están transformando. Son muchos los lamentables ejemplos -en la historia humana y de su sociedad- que hemos sido testigos de la forma en que, aquellos que se encuentran rodeados de prejuicios, creen que son creadores de novedosas ideas, que señalan a los buenos y a los malos y se sienten con ínfulas de decir lo que es blando y lo que es duro.

Suelen parecer salvadores y se convierten en lo contrario, sus discursos son atractivos e inclusive es común que parezcan razonables pero que en el fondo subyace la raíz impregnada del veneno que adorna sus discursos.

Ya se ha dicho antes que, promesas como las de “quitarle a quien más tiene” o “redistribuir la riqueza”, son discursos muy atractivos y seductores pero que, invariablemente, terminan con miles en pobres haciendo fila por un poco de comida. No querrás vivir en esos estados que se parecen más a vivir en el panteón de los vivos.

La demagogia destruye, anquilosa y entorpece; Mueve multitudes, como en su momento lo hizo Hitler -fácilmente puede ser considerado el ejemplo máximo de un oclocrata- que adula y endulza el oído de un pueblo con conceptos sacados de la nada -como el mago saca el conejo de la chistera- pero que en este caso costaron millones y millones de vidas.

Cuando defiendes una posición a ultranza y -sin importar cual sea esta- te fanatizas y te ciegas deberías preguntarte si estás defendiendo a uno de estos hombres amos y señores de la oclocracia. Quizás -tu- bien intencionado caminas al despeñadero pues suele suceder que, de buenas intenciones, está pavimentado el camino al infierno donde quizás, esta misma tarde, espera el mismísimo Hitler a alguien para jugar dominó en el infierno…. mientras tú te quedas viviendo en el panteón de los vivos. Así es la demagogia.

Luis Miguel Pérez-Juárez es especialista en negociación y vinculación política del gobierno federal y estatales con agrupaciones sociales, colectivos civiles y cámaras sectoriales, así como legislativas. Especializado en negociación hostil, resolución de conflictos, vinculación y solución de crisis. ex Director de la Escuela de Política Pública del ITESM. Correo: luismipj@tec.mx

“¡Qué afortunados serían los hombres, reflexionaba Aristóteles, sí fuesen gobernados por gente competente y capaz de conducir a sus pueblos por caminos armoniosos y triunfantes!”



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