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El mal que no nos podemos sacudir

Entre los vicios de la política mexicana está la actitud mesiánica
24.02.2021 12.00 AM

México es un excelente ejemplo de todos los vicios y errores que tradicionalmente se consideran como las peores prácticas que pueden existir en la administración pública, en el ejercicio del gobierno y en la actividad política de un país.

Situaciones de enorme complejidad como lo es la pandemia, de la que todos somos víctimas, suelen ser el crisol donde estos vicios y conductas reprobables se magnifican o, cuando menos, se hacen más evidentes a la vista de todos.

Junte usted estos dos elementos, pésimas prácticas de gobierno y de vida política con un estado de crisis como es el caso del COVID-19 y tendrá la fórmula perfecta para observar el fracaso de cualquier tipo de gobierno y el deterioro imparable de las conductas sociales en relación con la vida pública de un país.

Entre los vicios más destacados de la política mexicana -que se arrastran desde hace varios lustros- destaca la mesiánica actitud de los gobernantes en turno de creer que a partir de ellos se estrena una administración publica única, novedosa y patriótica en sentido contrario a todo lo anterior que, por consiguiente, es desechable, cuando no inútil por el solo hecho de provenir de gobernantes o partidos diferentes.

Es fácil -si usted no lo cree- demostrar lo anterior pues tan solo falta leer los discursos de quienes han llegado a la presidencia de la república, cuando eran oposición y contrastarlos con sus mismos discursos una vez que han logrado hacerse del poder. Promesas electorales que eran eje de sus campañas y que, en el mejor de los casos, nunca se cumplieron o más seguramente se tornaron en acciones de gobierno contrarias a lo que se pregonaba con estridencia en las campañas electorales.

No se trata de lanzar esta aseveración para hacer quedar mal a un gobierno y absolver a otro pues, en el caso del México -cuando menos el México que hemos sufrido en este siglo- esta odiosa práctica es reconocible en todos los sexenios sin importar los colores de los partidos gobernantes. La traición de sus propias convicciones, el ocultamiento de las razones reales de algunas decisiones de gobierno y la torpeza con la que se enfrentan escenarios muy difíciles que evidentemente se presentan en la administración de un país que, por otro lado, es complejo y muy importante en el entorno mundial.

Poco optimista se puede ser con relación a acabar con este enorme lastre que agobia a nuestro país y que merma y desgasta la confianza en nosotros mismos y debilita el entusiasmo con el que debería afrontarse este tipo de contingencias tan espinosas como la que atravesamos hoy.

La unidad de los habitantes de una nación -y en la historia hay ejemplos de sobra- es un ingrediente fundamental, indispensable e infaltable en todo proceso que ayude a remontar un entorno adverso y de corrompida conducta. En México la falta de optimismo de sacudirnos este mal, se fundamenta precisamente en que, contrario a lo que debería ser deseado, la sociedad parece, cada día, más dividida, polarizada e intolerante.

Si el pueblo es sabio, es un asunto que con gusto podría intentar dilucidar en futuras ocasiones, pero lo que es un hecho, es que, con mayor o menor información, aun los más desentendidos de política y administración, hoy parecen haber tomado posiciones irreductibles e intransigentes en defensa de una u otra posición -generalmente limitada y simplificada a tan solo la disyuntiva de estar a favor o en contra del actual gobierno- y que una vez que han decidido militar en favor de una postura no existe ningún argumento que los mueva, como si -en serio- la dignidad o la vida les fuese en eso.

La defensa, a ultranza, de las diferentes posturas -insisto básicamente solo dos: a favor o en contra de la cuarta transformación- ha generado un esperpento argumentativo que, hundidos en su apasionada defensa los obliga a esgrimir, en pro de su postura, algunas cosas que, poco tiempo antes, jamás se hubiesen atrevido a defender: Aceptar “pagar” dos veces por un avión que se odiaba pero que ahora justifica volver a comprar en forma de billetes de lotería o insultar a quienes se mueren a las puertas de un hospital y considerarlos, por tan solo ese trágico hecho, como anti gobierno o, por otra parte, terminar por defender verdaderos abusos y corruptelas de gobiernos pasados son ejemplo de ese “leviatán” que surge empujando a los fanáticos de esas dos posturas a asumir defensas insospechadas.

Si alguien me preguntase sobre lo que debe atenderse en México como una prioridad categórica, no tengo duda de pensar que antes de los estímulos a la economía, tan lastimada por la pandemia y aun antes del combate a la pobreza e incluso sobre la misma inseguridad que es un flagelo que paraliza a la sociedad, la primerísima actividad que debe atenderse es la reconciliación de todos los mexicanos y el unir a todos en torno a un único propósito el ser conciudadanos de verdad.

Luis Miguel Pérez-Juárez es especialista en negociación y vinculación política del gobierno federal y estatales con agrupaciones sociales, colectivos civiles y cámaras sectoriales, así como legislativas. Especializado en negociación hostil, resolución de conflictos, vinculación y solución de crisis. ex Director de la Escuela de Política Pública del ITESM. Correo: luismipj@tec.mx

“No se trata de lanzar esta aseveración para hacer quedar mal a un gobierno y absolver a otro.”



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