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Elecciones y trabajo legislativo

Por José Luis Díaz Moll
22.03.2012 12.00 AM

No cabe duda, frente a las críticas al trabajo del Congreso de la Unión, y que muchas de ellas tienen base y son consecuencia de evaluaciones rigurosas sobre la productividad que en materia legislativa se dan en ambas Cámaras, es oportuno hacer la presente reflexión.

Algunos de estos balances surgen de trabajos académicos metodológicamente bien estructurados y cuyos resultados por lo tanto resisten la prueba de la comparación y la comprobación; sin embargo, muchos de los juicios que sobre el trabajo legislativo se hacen, son opiniones prejuiciadas que en muchos casos esconden visiones autoritarias, que parten de la base de que un ámbito parlamentario vertical, en el cual la ausencia de debate y de confrontación de ideas, puede dar como resultado leyes adecuadas a las circunstancias que el país necesita.

Es importante evaluar y criticar el trabajo del Congreso de la Unión, siempre con la visión de hacerlo más productivo y eficiente, y eso pasa por encontrar el equilibrio entre el número de legisladores, las características de las comisiones, el apoyo técnico profesional con las que el trabajo legislativo cuenta y sobre todo esquemas de debate para la toma de decisiones oportunas y adecuadas a lo que la realidad social, política y económica que el país está demandando.

No es insinuando la inutilidad del Congreso de la Unión como vamos a mejorar sus tareas, el parlamento es una institución fundamental de la vida democrática de una nación; los mexicanos, a los que nos ha costado un gran esfuerzo contar con instituciones democráticas, debemos de reflexionar a profundidad cómo transformar el Poder Legislativo, cómo invertirle recursos humanos y económicos, además de modificar las prácticas del quehacer legislativo cotidiano, de tal forma que de allí surjan las normas y leyes que el aquí y ahora de México requiere.

El contar con una institución autónoma como el IFE, encargado constitucionalmente de garantizar las elecciones bajo los principios de certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad, ha sido un triunfo de la sociedad mexicana, que nos permite poder elegir quien nos gobierna y cómo nos gobierna; nos da la opción de la alternancia e inclusive la posibilidad de evaluar permanentemente la labor de nuestros gobernantes.

No obstante lo anterior, que resulta un avance sustancial en la vida política del país, no podemos negar que subsiste un grave problema estructural que sabotea los resultados del trabajo legislativo, al no haber logrado un balance racional entre los procesos electorales y la labor parlamentaria; el hecho de que núcleos importantes de los componentes de ambas cámaras, durante su encargo, estén más preocupados por los procesos electorales en sus estados o en la federación, los distrae de manera notoria de lo que debería ser su obligación primaria, que es cumplir con las tareas legislativas que su investidura de diputados o senadores les impone.

Este es un debate que se tiene que dar y resolver ya, la conclusión es contundente, el Congreso de la Unión y los Congresos Estatales, son tan importantes, que no podemos ocultar que lo que tenemos y cómo lo tenemos, no nos está sirviendo como nación, ni como sociedad; la próxima legislatura debe abordar de inicio los temas de fondo: la Reforma del Estado, la reforma laboral, la reelección de legisladores y alcaldes, son materias de debate y de toma de decisiones impostergables.

El actual esquema ocasiona que los procesos electorales influyan y en muchas ocasiones determinen la agenda de análisis y discusión de las fracciones parlamentarias del Poder Legislativo, dando como resultado ineficiencia, improductividad, suspicacias y sobre todo algo que no nos conviene como país, el que en algunos sectores de la población surja la duda de si la democracia es el camino y el método que nos puede llevar a condiciones de gobernabilidad y de progreso como sociedad.

No cerremos los ojos a la realidad, afrontémosla.

*El autor es Profesor de la materia Desarrollo y Política Social de la Escuela de Graduados en Administración Pública y Políticas Públicas (EGAP) del Tecnológico de Monterrey. Ha sido coordinador de Asesores del Gobierno del Estado de México, titular de la Unidad de Enlace Legislativo y Director General de Enlace Político en la Secretaría de Gobernación, Asesor en las negociaciones del TLCAN, Diputado Federal en la LIII Legislatura. En sus actividades académicas, destacan Estudios de Doctorado en Sociología, UNAM; Maestría en Sociología Universidad de París VIII ST. Denis, Francia; Visiting Scholar en Harvard University Cambridge, Massachussetts. E.U., Catedrático en la Facultad de Ciencias Políticas y Administración Pública de la UAEM. Ha sido editorialista en diversos diarios, entre ellos El Universal, El Financiero y El Economista.

Las opiniones vertidas son responsabilidad de los autores

“Es importante evaluar y criticar el trabajo del Congreso de la Unión, siempre con la visión de hacerlo más productivo y eficiente”



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