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"UN MITO, TRANSICIÓN A ENERGÍAS RENOVABLES"

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Refieren especialistas que a nivel global no ha desaparecido el uso de la madera, el carbón o el petróleo, sino que a éstas se van sumando nuevos tipos de combustibles
17.07.2018 12.00 AM

La transición energética de un sistema basado en combustibles fósiles a otro asentado en energías renovables se ha asumido como una cuestión de tiempo y como un objetivo que se logrará pronto ante las tendencias en algunos países, sin embargo asumir que el mundo vive dicha transición es riesgoso porque ninguna fuente energética convencional está siendo sustituida, coincidieron especialistas en el Seminario Retos energéticos de las ciudades en transición, celebrado en la Unidad Cuajimalpa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

De acuerdo con los expertos de la UAM, el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y las universidades Nacional Autónoma de México (UNAM) y Anáhuac, lo que ha ocurrido en las últimas décadas es una acumulación y un mayor consumo de las alternativas, entre ellas las renovables, pero esto no significa que haya una transición hacia la sustitución de ninguna de las convencionales, advirtieron.

El doctor Juan Arellanes Arellanes, investigador de la Universidad Anáhuac, dijo que a nivel global no ha desaparecido el uso de la madera, el carbón o el petróleo, sino que a éstas se van sumando nuevos tipos de combustibles, por lo que no se puede hablar de una evolución en la materia.

Por el contrario, las sociedades han entrado en una verdadera trampa, pues para mantener los ritmos de crecimiento exponencial en los indicadores –población, generación de riqueza, inversión extranjera y crecimiento de las ciudades, entre otros– de nuestra civilización y ante el agotamiento de los combustibles fósiles se están abriendo nuevas formas de explotación de dichos recursos muy agresivas como el fracking en Estados Unidos, la producción de petróleo sintético y el retorno al carbón como base energética en el mundo.

La idea generalizada es que el uso de las energías renovables aumenta aceleradamente y, en efecto, en tasa tienen un ritmo importante de crecimiento, pero en términos absolutos el tipo que más ha crecido en el siglo XXI son los combustibles fósiles no convencionales y, por tanto, más contaminantes.

En la ponencia Complejidad urbana social y transición energética señaló que la proporción del consumo de energías renovables es todavía minúscula respecto del total, por lo que “suponer que en el corto o mediano plazos ésta va a ser capaz de sustituir al casi 80 por ciento que representan los energéticos fósiles, resulta bastante idealista”.

El doctor Luca Ferrari Pedraglio, investigador del Centro de Geociencias de la UNAM, advirtió que en la literatura relacionada con las ciudades en transición se hace énfasis en la respuesta que éstas puedan tener frente a las crisis ambiental y energética.

En México se habla mucho del cambio climático, pero poco de los límites energéticos que “ya impactan en las ciudades” y tienen que ver con transporte agua, abastecimiento de comida y disposición de desechos, entre otros, porque todos ellos están vinculados con energía.

El transporte consume 60 por ciento de la energía que se usa en la capital del país, sin embargo el tiempo promedio de recorrido de sus habitantes es de 88 minutos (aunque hay quienes pueden hacer tres o más horas) y recorren 10 kilómetros al día, en promedio, por lo que al aumentar la extensión de la urbe “tenemos cada vez más consumo de energía”.

Lo anterior muestra que el problema es “la idea del crecimiento infinito”, pues cualquier incremento económico aunque sea de uno o dos por ciento es exponencial y hasta ahora “nos ha hecho pagar un precio muy alto en términos de la huella ecológica que ha resultado en deforestación, acidificación de los océanos, destrucción de biodiversidad, extinción de especies, contaminación y cambio climático”.

Todo este crecimiento se dio a partir del consumo de combustibles fósiles y no hay una transformación de éstos, sino acumulación y, si bien “tenemos las energías renovables, paralelamente ha habido crecimiento exponencial del producto interno bruto (PIB) y cada uno de nosotros gasta cuatro veces más energía que hace 100 años”.

Si se considera que 85 por ciento de la energía en México proviene de combustibles fósiles, “el crecimiento de las ciudades es insostenible y, por tanto, “deberíamos decrecer, porque no es posible sostener este sistema de consumo sólo con energía renovable”.

El doctor Edgar Ocampo Téllez, académico del ITAM, advirtió que “nuestro petróleo se acabó” y al próximo presidente le tocará administrar la escasez del recurso, en un contexto en el que 50 por ciento de la economía depende del hidrocarburo.

Al exponer las Opciones de política para transitar hacia una senda del desarrollo baja en carbono, el doctor Marcelo Olvera Villarroel dijo que en menos de 50 años entre 75 y 80 por ciento de la población vivirá en ciudades, por lo que “tenemos que aprender a manejarlas”, como ocurre con la de México –donde diario conviven 29 millones de personas– en términos de abastecerla de agua, energía eléctrica, vivienda, transporte y comida, entre otros servicios.

El investigador del Departamento de Teoría y Procesos del Diseño de la UAM sostuvo que estas problemáticas persisten por obstáculos políticos, porque en muchos casos, como en el relacionado con el manejo de desechos, se requiere poner en la mesa a “enemigos políticos”, como las autoridades del Estado de México, la capital, Puebla, Morelos e Hidalgo para manejar la basura en conjunto, pero “sentar a esos señores es muy difícil”.

En el tema del transporte podrían aplicarse políticas sencillas como la sustitución de autobuses viejos, y la otra, más controversial, es cobrar impuestos a los vehículos de lujo gigantes que emiten tanto dióxido de carbono como tres pequeños.

Otras propuestas del investigador son el cambio de inodoros, pues 50 por ciento de las casas de la ciudad siguen usando unos de 10 litros en promedio en ese uso, así como cambiar la matriz energética a una solar u otro tipo, lo cual no se analiza porque el costo beneficio es muy bajo y económica y políticamente no vale la pena.

Aumenta preocupación científica frente a la desaparición de los glaciares

La preocupación de la comunidad científica en el mundo cada vez aumenta más, pues al desaparecer el hielo en la zona de los casquetes polares muchos países se sumarían al interés del territorio por ser, en el caso del Ártico, una zona de mantos petrolíferos y de una gran riqueza mineral en la Antártida, así lo reveló Hugo Delgado Granados, director del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Algunos grupos buscan que esta región no sea explotada porque si la actividad económica se desarrolla, lo que se estaría provocando es un factor más que inhiba la formación del hielo. Obviamente en la época invernal el casquete polar Ártico vuelve a crecer, pero si durante el verano éste desaparece, es ahí donde las grandes compañías trasnacionales tendrían la oportunidad de llevar a cabo la explotación de éstas áreas”, explicó el doctor.

El total de recursos de hidrocarburos convencionales sin descubrir en el Ártico se estima en 14 mil 300 millones de metros cúbicos de petróleo, 47.3 trillones de metros cúbicos de gas natural y 7 mil millones de metros cúbicos de líquidos del gas natural. Esto constituye aproximadamente el 30 por ciento del gas y el 13 por ciento del petróleo no descubierto en el mundo, como puntualiza el artículo: El potencial petrolero del Ártico: Desafíos y soluciones, en su volumen 22 publicado en la Oilfield Review, 2010.

Por otro lado, una evaluación independiente del potencial petrolífero y gasífero del sector ruso del Ártico indica que las cuencas del Ártico constituyen en conjunto una de las supercuencas petrolíferas más grandes del mundo, como lo plasma el artículo: Recursos de geología e hidrocarburos de la plataforma continental en los mares rusos del Ártico y las perspectivas de su desarrollo, de la revista Geología y Geofísica rusas volumen 51, de enero de 2010.

“Cuando tenemos un área cubierta por hielo y nieve, se forma una superficie blanca que refleja la radiación solar, pero por el contrario si los glaciares retroceden y dejan la parte rocosa oscura al descubierto ya no se refleja el calor sino se absorbe, con lo cual cambia el microclima y eso hace que aumente la temperatura local”, expuso en entrevista el Corresponsal Mexicano del Servicio Mundial de Monitoreo de Glaciares de la Asociación Internacional de Ciencias Hidrológicas de la UNESCO.

Agregó, los glaciares no son producidos por una maquinaria que los genere de una manera continua, eventualmente, conforme siga avanzando el calentamiento global no habrá forma de parar la desaparición glaciar. Para verlo de una manera más ilustrativa, la desaparición de los glaciares en México y en el mundo se viene dando conforme ha aumentado la temperatura regional. En nuestro país, la temperatura de congelación que permite que los hielos permanezcan en las cumbres nevadas de nuestros volcanes está llegando a un nivel que pronto va a rebasar las cumbres, lo que quiere decir que los glaciares mexicanos no tendrán forma de sobrevivir.

Durante la época de secas las reservas de agua disminuyen y los glaciares se funden a un ritmo mayor, alimentan a los arroyos, ríos y mantos acuíferos. Si nosotros no tenemos esa recarga de agua, se tiene un impacto negativo sobre la disponibilidad de agua potable en las zonas pobladas del país, cercanas a las montañas glaciadas, dijo el investigador.

En todo el mundo, los glaciares muestran una tendencia generalizada a retroceder, incluso los que ocupan grandes extensiones están desapareciendo como parte de un proceso natural, pero acelerado por los cambios provocados por la actividad humana.

“Realmente no podemos hacer que el clima se vuelva más benigno, pero si podemos frenar la emisión de gases de efecto invernadero que son los que en general aceleran las consecuencias del cambio climático. Somos responsables de lo que a nuestro planeta le suceda en un futuro. El planeta no sé va a acabar, nosotros en cambio sí. Para asegurar la supervivencia de nuestra especie debemos de cuidar el planeta y que éste siga para las futuras generaciones”, puntualizó el director del Instituto de Geofísica de la UNAM.

“Las ciudades deberían decrecer, porque no pueden sostener el sistema de consumo sólo con energía renovable”

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