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NUEVA POLÍTICA AMBIENTAL DE EU: IMPLICACIONES NOCIVAS PARA MÉXICO Y EL MUNDO

Nueva política ambiental de EU: implicaciones nocivas para México y el mundo
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Desde su campaña electoral, Donald Trump prometió abandonar la “agenda verde” que dejó como legado el ex presidente Barack Obama
20.06.2017 12.00 AM

Antes de anunciar el retiro de Estados Unidos del Acuerdo de París, el gobierno republicano había emitido lineamientos internos, a fin de acelerar las inspecciones medioambientales de proyectos de infraestructura considerados de “alta prioridad”; además, ordenó revisiones a regulaciones tributarias y recortó el presupuesto para políticas en materia de cambio climático y medio ambiente.

Así lo señala el Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques del Senado de la República (CEIGB), en la nota de coyuntura “Cambios en la política estadounidense en materia de protección al medio ambiente y combate al cambio climático”, donde analiza a fondo dichas modificaciones de política pública.

En los hechos, la actual administración republicana busca revertir la “agenda verde” impulsada por el ex presidente Barack Obama, y retirar al país de los compromisos de implementación asumidos en el Acuerdo de Paris contra el cambio climático.

Dado que la Unión Americana es el segundo contaminante de emisores de dióxido de carbono a nivel mundial, esta decisión junto con otras en la materia, tendrá efectos nocivos sobre México y el mundo.

Según el presupuesto presentado por la Casa Blanca, la EPA (Enviromental Protection Agency, por sus siglas en inglés) sería la dependencia gubernamental más afectada ya que, en caso de que esta solicitud sea aprobada, se enfrentará a un recorte del 31 por ciento de su presupuesto para el 2018.

Esta disminución de financiamiento, afectaría principalmente programas para hacer frente al cambio climático y para desarrollar programas de energía alternativa, así como recortes a otras agencias para la investigación de este rubro. En caso de ser aprobado será el presupuesto más reducido de la agencia en los últimos 40 años.

La investigación del CEIGB señala que, además, el presidente Trump ordenó a la EPA reabrir la revisión de las normas para controlar emisiones de automóviles establecidas por la administración Obama para los autos modelo 2022-2025. Si la actual administración revierte los estándares, se limitarán las opciones de “vehículos verdes” al consumidor.

Entre otros cambios a mencionar –agrega el documento– destaca la orden que emitió la Casa Blanca al Departamento del Interior para reescribir una norma del 2015 que exigía ciertos estándares ambientales para realizar perforaciones de pozos de petróleo en tierras públicas. La actual administración revirtió la decisión del ex presidente Obama de negarse a otorgar un permiso para la construcción del oleoducto Keystone XL y ordenó al Cuerpo de Ingenieros del Ejército permitir la construcción del oleoducto Dakota Access.

En cuanto a la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París, la investigación señala que en 2015 el compromiso de los Estados Unidos en este acuerdo fue reducir sus emisiones entre un 26 y 28 por ciento, por debajo de los niveles de 2005 para 2025 y otorgar financiamiento a países en vías de desarrollo.

Con los Estados Unidos produciendo cerca de un quinto de todas las emisiones globales, la salida de los estadounidenses podría socavar los esfuerzos para reducir la producción de carbono, la transición a fuentes de energía renovables y bloquear futuros proyectos de cooperación como los que mantiene Estados Unidos con socios estratégicos como México y Canadá, en materia de energías limpias.

Los investigadores del CEIGB plantean que, pese a que muchas disposiciones establecidas por la administración Trump serán implementadas a nivel federal, a pesar de las impugnaciones judiciales que puedan recibir, la responsabilidad de seguir implementando la agenda verde, que se alcanzó con la administración del ex Presidente Obama, recaerá principalmente en autoridades del nivel subnacional.

75 por ciento de los suelos del planeta padecen algún grado de desertificación

Sin cobertura vegetal no hay vida. Con suelos erosionados las plantas no crecen y los alimentos no se producen. Los ecosistemas se afectan, a veces hasta un punto de no retorno, afirmó José Luis Luna Montoya, titular del Laboratorio de Suelos del Colegio de Geografía, de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la UNAM.

En el mundo vivimos una situación crítica, añadió, ya que entre 70 y 75 por ciento de los suelos del planeta padecen algún grado de desertificación. “Esto significa que la tercera parte de la corteza terrestre es desierto y semidesierto”, enfatizó.

En México, 75 por ciento del suelo se cataloga en tres categorías: frágil (potencialmente en riesgo de perderse), árido o semiárido; esto implica que el 50 por ciento del territorio presenta sequía en diferente grado. Actualmente, 450 municipios de 19 estados sufren por ese fenómeno; los más afectados son Oaxaca, Sonora, Chihuahua y Zacatecas, subrayó.

A propósito del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, que se celebra hoy, 17 de junio como una forma de crear conciencia acerca de este problema emergente, Luna Montoya expuso que, de 1950 a la fecha, el fenómeno de la desertificación crece 30 a 35 veces más rápido de lo que lo hizo históricamente en siglos anteriores.

Éste es un indicador tan importante como el de la contaminación ambiental. “Lo que hoy se tiene es pérdida de suelos agrícolas por la desertificación, que ocurre por la degradación del suelo (la pérdida de materia orgánica y de nutrientes) y la falta de agua, pues sin ésta no hay agricultura”, resaltó.

Desertificación es el proceso de crecimiento de las zonas áridas y semiáridas por efecto de la actividad humana, explicó. En tanto, el fenómeno de desertización es el crecimiento, avance y movimiento natural de los desiertos.

Sequía es un periodo en el que prevalece la falta de precipitaciones, es decir, la ausencia de lluvia se prolonga y se generan condiciones de escasez de agua en una zona. Se presenta predominantemente en regiones templadas, áridas y semiáridas. “Es un fenómeno cíclico en todo el mundo. Actualmente, con los procesos ambientales provocados por la actividad humana, las sequías se han modificado y tienden a ser más frecuentes e intensas”, precisó Luna Montoya.

La pérdida de cobertura vegetal original de los ecosistemas es detonante de una sequía. “La modificación original del uso suelo la provoca, y en esto interviene el crecimiento de las zonas urbanas, la ganadería y la agricultura”.

Sequía y desertificación se identifican por separado, pero una lleva a la otra. Si hay más zonas áridas (donde la evaporación excede a la precipitación), evidentemente habrá más sequía, y esto va creciendo por el fenómeno de la desertificación. “Hoy existen más zonas áridas y semiáridas en el planeta”.

Entre los factores que inciden en la desertificación están la pobreza, la deforestación, las prácticas agrícolas inadecuadas y el sobrepastoreo (uso excesivo del suelo para ganadería).

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) señala que mil millones de personas se localizan en zonas de riesgo, áreas que están en proceso de transición, con suelos con algún grado de erosión. “Están repartidas en poco más de 100 países. El común denominador de estas comunidades es que son pobres y padecen falta de alimento”, destacó el investigador.

Si el suelo es pobre, la gente que lo pisa será pobre; si no tiene los suficientes nutrientes para la práctica agrícola, por ejemplo, la población tendrá problemas de alimentación, y eso derivará en desnutrición y migración.

La desertificación provoca movimientos humanos importantes, lo ha hecho históricamente y ahora hay una crisis al respecto. “El empleo de maquinaria pesada, la utilización excesiva de fertilizantes y el uso intensivo del suelo (para cuatro cosechas anuales) lo erosionan, lo estresan, se desgasta y eso provoca que sea cada vez menos productivo”, abundó.

El geógrafo expuso que entre los años 2000 y 2015, el número de migrantes por desertificación aumentó de 173 a 244 millones de personas en el mundo.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) propone neutralizar la desertificación a través de métodos ancestrales milenarios. La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible establece que hay que detener y revertir ese proceso, “todavía estamos a tiempo, no ha llegado el punto de no retorno”, afirmó Luna Montoya.

Se pretende lograrlo con técnicas tradicionales de agricultura, regresar al conocimiento de cada región y a modelos de menor producción, replicados en un gran número de personas.

Esto implica no usar fertilizantes químicos, sino abonos naturales (heces de animales y hojarasca vegetal), y para nutrir la parte mineral hay que descansar al suelo entre siembras. Debe haber un cambio de paradigma de la civilización moderna, finalizó.

“El pasado 1° de junio, ya en su calidad de Presidente, anunció el retiro de Estados Unidos del Acuerdo de Paris para combatir el cambio climático.”

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