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MÉXICO PODRÍA SER PAÍS PUNTERO EN EDUCACIÓN EMOCIONAL

México podría ser país puntero en educación emocional
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El Nuevo Modelo Educativo incorpora en el currículo el desarrollo de las habilidades socioemocionales, el gran reto va a ser ponerlo en práctica con calidad
31.05.2017 12.00 AM

El Nuevo Modelo Educativo puede poner a México como uno de los países punteros en la implantación de la educación emocional a nivel mundial, consideró el Dr. Rafael Bisquerra, profesor investigador de la Universidad de Barcelona, España.

El experto refirió que en otros países como Estados Unidos, Reino Unido y España se ha investigado y publicado mucho sobre la educación emocional, pero en ninguno de ellos existe algún decreto que obligue a ponerla en práctica.

En el caso de México, de acuerdo con información de la Secretaría de Educación Pública (SEP), el Nuevo Modelo Educativo —que comenzará a implementarse en el ciclo escolar 2018-2019— incorpora el desarrollo personal y social de los estudiantes como parte integral del currículo, con especial énfasis en el desarrollo de las habilidades socioemocionales.

“Felicito efusivamente a las personas que se han implicado en este proyecto, que han diseñado el modelo curricular y que han tenido el coraje de ponerlo sobre la mesa, porque esto puede poner a México en uno de los países punteros en la implantación de la educación emocional a nivel mundial.

“El gran reto va a ser ponerlo en práctica con calidad”, expuso Bisquerra, profesor investigador del Departamento de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación de la Universidad de Barcelona.

La educación emocional, refirió el experto, es importante porque se propone responder a necesidades sociales que no están suficientemente atendidas en la educación inminentemente cognitiva que tenemos en estos momentos a nivel general.

—¿Cuáles son estas necesidades que no están atendidas?

—Indicadores de estas necesidades son: la prevalencia de ansiedad, estrés, depresión, consumo de drogas, violencia, conflictos, etcétera, que causan grandes problemas personales, familiares, sociales, emocionales, incluso políticos, y que las investigaciones científicas en los últimos años han aportado elementos a tener en cuenta para incorporar en la educación y ponerlos a disposición de la humanidad.

Bisquerra añadió que solamente pensar en la posibilidad de reducir la violencia a partir de la regulación emocional de la ira, “ya justificaría dedicar esfuerzos, tiempo y presupuestos para ponerlo en práctica”.

El investigador consideró que probablemente en cuatro años ya pudiera haber pasos muy importantes en la implantación de la educación emocional, pero esto es un proyecto muy a largo plazo.

“Habrá que mantener el entusiasmo y la dedicación durante muchos años para que a lo mejor dentro de cien años podamos hablar lo que en 2017 era inimaginable, que es la erradicación de la violencia, y que en 2117 esto sea una realidad”.

Para tener una implementación exitosa de la educación emocional, Bisquerra vislumbró tres requisitos básicos:

Primero, una sensibilización del profesorado, de las familias y de la sociedad en general de la importancia que esto tiene para la vida, para la convivencia, para el rendimiento y para el bienestar.

Después de la sensibilización, “hace falta una formación bien fundamentada, teórica y sobretodo práctica, práctica donde el primer necesitado de desarrollo de competencias es el profesorado; en segundo lugar, las familias", y la relación de éstas con el profesorado hará posible el desarrollo de los estudiantes.

El tercer paso, añadió, es la puesta en práctica de programas estructurados de educación emocional con todos los requisitos del modelo de programas, “teniendo claro qué es lo que pretendemos, dedicándole el tiempo necesario, con las estrategias y técnicas apropiadas”.

La Secretaría de Educación Pública destacó en el documento del Nuevo Modelo Educativo que "es primordial fortalecer las habilidades socioemocionales que les permitan a los estudiantes ser felices, tener determinación, ser perseverantes y resilientes, es decir, que puedan lidiar y adaptarse a nuevas situaciones, y ser creativos".

“Resulta cada vez más claro que las emociones tienen una huella duradera, positiva o negativa, en los logros de aprendizaje. Por ello, el quehacer de la escuela es clave para ayudar a los estudiantes a reconocer sus propias emociones y para expresarlas, autorregularlas y saber cómo influyen en sus relaciones y su proceso educativo”.

“Solamente pensar en la posibilidad de reducir la violencia a partir de la regulación emocional de la ira, ya justificaría dedicar esfuerzos, tiempo y presupuestos para ponerlo en práctica.”

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