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"ANTES DEL NEOLIBERALISMO, EN MÉXICO LA MOVILIZACIÓN SOCIAL ERA CONTRA TEMAS DE VIDA COTIDIANA"

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Las emociones permiten entender y reflexionar sobre protesta y democracia, saber qué quieren las ciudadanas y los ciudadanos, explican académicos
25.10.2016 12.00 AM

Si el neoliberalismo ha propiciado la flexibilización de la política y la economía, las formas de la protesta también se han vuelto más flexibles en términos de actores demandas y acciones, sostuvo el doctor Takeshi Wada, investigador de la Universidad de Tokio.

Al participar en el Primer Congreso Nacional de Estudios de los Movimientos Sociales, realizado en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), el especialista en democratización, desarrollo social y movimientos sociales dijo que hasta antes de establecerse el neoliberalismo como régimen en México, los diversos sectores se movilizaron comúnmente contra “blancos” que tenían que ver con su vida cotidiana; se formaron identidades que eran localmente alimentadas en el trabajo, el salón de clases, en comunidades rurales o en zonas urbanas.

Estas identidades impulsaron formas de acción para sostener necesidades materiales, de modo que los maestros y los estudiantes lucharon contra las autoridades de las escuelas, los trabajadores contra las empresas, los campesinos contra los terratenientes y los colonos exigiendo vivienda.

De acuerdo con el doctor Takeshi Wada, desde mediados de los años noventa del siglo pasado, hay una desaparición de “conflictos radicales materiales enraizados en los encuentros cotidianos”; es decir, los campesinos ya no “atacan” a los terratenientes, los colonos no invaden terrenos y los trabajadores ya no tienen como blancos a las empresas, lo que representa un “shock”, porque el conflicto trabajadores-empresas había sido siempre la combinación predominante.

Respecto a este último caso señaló que la liberalización económica cambió el balance del poder relativo entre el sector privado y grupos populares en favor del primero, y se da entonces la flexibilización de la producción, la informalidad laboral, las amenazas de privatización; “todo esto pone a la defensiva a los trabajadores”, lo que resultó en la disminución de los conflictos trabajador-empresa.

Por otro lado se refirió a la diversificación de los blancos de la protesta, pues hasta antes de la década de 1980 éstos eran sólo dos, el Ejecutivo federal y el estatal. Éste último sigue concentrando más de 40 por ciento de las protestas; sin embargo, aparecen también los gobiernos municipales, los militares y policías, instituciones internacionales y gobiernos extranjeros que antes no estaban.

Esta diversificación, dijo, es resultado de la liberalización política, la dispersión del poder y una mayor importancia de otros blancos políticos.

Para el académico de la Universidad de Tokio hay un cambio de las protestas “materiales y radicales” relacionadas con la vida cotidiana y con patrones más o menos fijos, hacia protestas rutinarias en las organizaciones no gubernamentales, y los nuevos movimientos sociales reivindicatorios desempeñan cada vez más un papel central, y esto indica “que la flexibilización de la protesta está ocurriendo”.

El doctor Takeshi Wada trabaja actualmente en una investigación sobre cómo las transformaciones neoliberales de la economía y la política en México influencian la habilidad que los mexicanos tienen para participar en la política del país, y en ese marco construye una base de datos cuantitativa de los eventos de protesta, codificando miles de reportes periodísticos acerca de las movilizaciones populares en nuestro país.

Movimientos sociales, herramienta ante el sentimiento de exclusión

La democracia está bajo amenaza en todas partes del mundo, sostuvo el doctor en Sociología James M. Jasper, profesor investigador de la Graduate Center of the City de la Universidad de Nueva York, quien además resaltó que los movimientos sociales organizan la indignación, como una herramienta para los que se sienten excluidos de la participación.

En el primer Congreso Nacional de Estudios de los Movimientos Sociales. Repensar los movimientos. Diálogos entre saberes y experiencias –que se llevó a cabo en el Auditorio Arquitecto Pedro Ramírez Vázquez de la Rectoría General de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM)– el doctor en sociología por la Universidad de California en Berkeley dijo que cada época ha inventado su propia versión de la democracia.

Por ello la perspectiva y opinión de la cultura acerca de las emociones se ha transformado en las últimas décadas. Se pasó de pensar que tener emociones, especialmente fuertes, excluía a las personas, a convertirse en un requisito para la ciudadanía.

Hay dos conjuntos de emociones que están en conflicto en todos los sitios del mundo en la política: por un lado la compasión, simpatía, respeto y dignidad, y por otro el desdén, menosprecio, escarnio y hasta odio para el otro.

”Incluso, la gran división política, si es que existe, no está entre el trabajo y el capital, entre mujeres y hombres, tecnocracia y movimientos sociales, sino entre los dos conjuntos de emociones”, agregó el ex presidente de la Sesión Comportamientos Colectivos y Movimientos Sociales de la Asociación Americana de Sociología (ASA).

Como ejemplo el doctor Jasper planteó que la campaña electoral de Donald Trump, candidato Republicano a la presidencia de Estados Unidos, ha sido de burla y desdeño para muchos sectores, entre ellos, los discapacitados, y ha encendido el temor en contra de los musulmanes y de los mexicanos por considerarlos peligrosos.

“Trump promueve insultos a todos y humilla a las personas”. Él representa la parodia de un político, pero 40 por ciento del pueblo estadounidense va a votar por el empresario neoyorkino, aseguró el fundador del Taller de Políticas y Protesta de la Graduate Center of de City de la Universidad de Nueva York.

El sociólogo, reconocido por sus aportaciones a la teoría de los movimientos sociales, consideró que el concepto de emociones experimenta un proceso de transformación.

Actualmente se estima que posibilita la empatía, la reflexión, es funcional y serio, “porque las emociones son vitales para ver cómo pensamos y funcionamos en el mundo”.

Incluso, aseguró, las emociones “permiten entender y reflexionar sobre la protesta y la democracia, saber qué quieren las ciudadanas y los ciudadanos. Hay que ver los sentimientos como una manera de pensar en lugar de ser una interferencia. La ciudadanía y la democracia no es sólo un logro político, también es un logro emocional”.

Los movimientos sociales de hoy en día añaden un sentimiento sumamente fuerte de compromiso moral, ayudan a articular las intuiciones morales, siendo la indignación el núcleo, el corazón de la protesta, lo que permite que las personas salgan a las calles, salir de la rutina cotidiana para transformar su realidad.

Pero los movimientos de protesta han perdido poder para amenazar a las elites, porque se vive un contexto en el que hay agitación social todo el tiempo, por lo que resulta difícil captar la atención, hecho que los pone en desventaja.

“La diversificación de la protesta es resultado de la liberalización política, la dispersión del poder y una mayor importancia de otros blancos políticos,”
PROTESTA SOCIAL /

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