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EXPLICAN AFINIDADES Y DISTANCIAMIENTOS DE AL CON EU Y CHINA

Explican afinidades y distanciamientos de AL con EU y China
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Ciclos políticos, procesos ideológicos y proyectos programáticos, elementos nodales en la acción exterior de los países periféricos y su rol frente a las potencias
28.02.2022 12.00 AM

Factores domésticos, ciclos políticos, periodos de polaridad global y condiciones económicas determinan convergencias políticas en América Latina más cercanas con Beijín que con Estados Unidos. Esto permite definir los grupos de países, con características coincidentes, que se han alineado a las dos potencias analizadas.

En el marco analítico de la reconfiguración del poder internacional, La política exterior latinoamericana ante la potencia hegemónica de Estados Unidos y la potencia emergente de China de Sandra Zapata y Adrián Martínez-Hernández, busca explicar y caracterizar el alineamiento político de los países latinoamericanos hacia las grandes potencias, desde la perspectiva de una relación triangular: América Latina, Estados Unidos y China. Se busca contrastar empíricamente la hipótesis de que la presencia cada vez más asertiva del gigante asiático en la región, a partir del año 2000, conforma nuevas alineaciones políticas a su favor. Lo anterior, a partir de las resoluciones adoptadas en la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU) de diecinueve países latinoamericanos desde 1970 a 2015, destacando tres etapas: bipolaridad (1976-1991), unipolaridad (1992-2002) y multipolaridad (2003-2015). La investigación, al ser de carácter comparativo y explicativo sobre los factores que determinan la política exterior latinoamericana, hace uso del método cuantitativo con análisis estadísticos.

El orden internacional actual experimenta procesos de transformación que reconfiguran las capacidades de los actores del sistema internacional y otorgan mayor protagonismo a los países emergentes y del sur global. Uno de los cambios más trascendentes en las últimas tres décadas es el proceso de transición hegemónica del eje Atlántico Norte al Asia-Pacífico, ubicando a China en el epicentro de una histórica modificación del sistema-mundo. La reemergencia del gigante asiático como una potencia en ascenso está cambiando la distribución del poder mundial y ha puesto en disputa el liderazgo hegemónico estadounidense, que a raíz de la crisis económica de 2008 ha sido diagnosticada como una potencia en declive (Van Bergeijk 2018).

Los países de América Latina no escapan a las dinámicas de latente reconfiguración del nuevo orden mundial y han debido reorientar sus estrategias de inserción internacional. Su condición estructural de subordinación, tanto al sistema internacional como al orden económico mundial, sumada al hecho de pertenecer al área de influencia de los Estados Unidos, ha determinado los fines y estrategias en la formulación de la política exterior latinoamericana (Russell y Tokatlian 2013). A partir de la primera década del siglo XXI, la región experimentó un cambio de ciclo marcado por el recambio de élites políticas que buscaron dar un “enfoque asertivo a la política exterior latinoamericana” (Gardini y Lambert 2011, 1) y apostaron por el fortalecimiento de las relaciones con socios del sur, el regionalismo y el apoyo al multilateralismo para su inserción internacional (Dabène 2012). A la par de un crecimiento económico boyante, con China como principal socio comercial, los países latinoamericanos, sobre todo los sudamericanos, auparon el retorno de proyectos desarrollistas y revitalizaron su tradición autonómica que, con variedad de grado e intensidad, ha dado lugar a políticas exteriores contrahegemónicas (Domínguez 2018; Sanahuja 2016).

Este contexto determinó los nuevos alineamientos geopolíticos que concurrieron como péndulos entre el poder dominante y las fuerzas antisistémicas, y los países periféricos tuvieron que redefinir sus estrategias de vinculación, optimizando el uso de sus recursos para mejorar sus relaciones con el poder en ascenso sin desafiar a la potencia dominante, por medio de alternativas de alineamiento o de autonomía. El esquema sudamericano de los albores de este siglo, basado en el retorno de la política, el Estado y el desarrollo (Serbin 2017, 83), dio pie al incremento de cuestionamientos a la hegemonía estadounidense en el hemisferio y buscó excluirla diversificando sus relaciones externas en la multipolaridad. Esto ha dado paso a la generalizada percepción de que las crecientes interacciones entre China y América Latina, específicamente con Sudamérica, dinamizadas por la economía y la promoción de relaciones ganar-ganar, habrían implicado, a la vez, un mayor grado de cohesión política de la región a favor del gigante asiático y en detrimento de EE. UU.

En este marco, la investigación busca explicar y caracterizar el alineamiento político de los países latinoamericanos hacia las grandes potencias desde la perspectiva de una relación triangular: América Latina, Estados Unidos y China. De esta manera, se intenta verificar empíricamente la hipótesis de que los países latinoamericanos tendieron a alinearse políticamente con el país asiático alejándose de EE. UU. Si bien existen diversos estudios de índole económica-comercial sobre el relacionamiento de la región con China, las estrategias de cohesión política han sido menos exploradas por la literatura especializada.

Para efectuar este análisis se toma como eje central los determinantes estructurales y de agencia relacionados con el ejercicio de la política exterior de los países periféricos. Lo anterior permite informar sobre el peso de factores como la ideología, la interdependencia económica, la distribución del poder y el perfil del gobierno en la política exterior. Una manera de operacionalizar la variable dependiente es a través del posicionamiento de los Estados en las votaciones de la Asamblea General de Naciones Unidas (AGNU), que es “el gran foro para el debate general sobre los principales problemas de la humanidad” (De Seixas Corrêa 2013, 17), y se toman como base las votaciones de los países latinoamericanos desde 19702 a 2015, otorgando especial atención al análisis de patrones de alineamiento con China a partir del año 2000.

Para desarrollar lo anterior, el texto se organiza de la siguiente manera. En primera instancia, se discuten los fundamentos teóricos de la política exterior latinoamericana desde una perspectiva neorrealista de las relaciones internacionales. En un segundo momento, se define la estrategia metodológica indicando las variables sistémicas y domésticas que influyen en el ejercicio de la política exterior de los países periféricos. Posteriormente, se vinculan los postulados teóricos al estudio de los patrones de votos en Naciones Unidas. En la cuarta sección, se analizan los principales modelos de regresión y hallazgos de carácter descriptivo y explicativo. Finalmente, se esbozan conclusiones.

En primer lugar, hay un grupo de países que se caracterizan por tener una alta capacidad económica, con niveles de democracia medios y con un alto poder relativo que tienden a alienarse más con China; en este se encuentran las dos economías más fuertes de América Latina: Brasil y México que, al momento del análisis, mantenían posicionamientos ideológicos de izquierda, el primero, y de centro-derecha, el segundo. El segundo grupo de países manifiesta medios y bajos niveles de capacidad económica, niveles bajos de democracia, niveles bajos de poder relativo y ubicaciones ideológicas de izquierda, los cuales tienden a alinearse más con China; aquí se encuentran Venezuela, Ecuador y Bolivia, además de Perú y Colombia que, a pesar de manifestar ubicaciones ideológicas de centro-derecha y derecha, son países con características sistémicas y comportamiento similar ante la potencia emergente. El tercer grupo de países manifiesta mayor nivel de convergencia con EE. UU. y se caracteriza por tener niveles medios y altos de democracia, niveles medios de capacidad económica y poder relativo, aunque hay divergencias en su posicionamiento ideológico; en este se encuentran Argentina, Chile, Costa Rica, República Dominicana y Uruguay. Finalmente, el cuarto grupo de países, integrado por Paraguay, El Salvador, Guatemala, Honduras, Panamá y Nicaragua, manifiesta posicionamientos ideológicos tendientes a la derecha de la escala, con un bajo poder relativo, con bajos niveles de democracia y con una baja capacidad económica, y evidencia mayores niveles de alineamiento con EE. UU.

Esta clasificación, a pesar de ser restrictiva y simplificadora (como es su intención), señala las tendencias regionales hacia dos patrones de comportamiento en las dinámicas internacionales frente a las dos potencias globales. Como se apreció, la fuerte influencia de EE. UU. principalmente en América Central y de China en América del Sur somete a juicio no solo la polarización ideológica de la región, sino que también deja ver las dinámicas interregionales de América Latina en el marco internacional. Esto concuerda con la literatura especializada que identifica a Brasil, Venezuela, Ecuador y Bolivia como los países con una política exterior más asertiva y de matriz contrahegemónica, que pugnan por un mundo multipolar y apoyan proyectos progresistas de integración regional para aumentar la autonomía (Sanahuja 2016). Además, implementaron políticas de rechazo a los regímenes tradicionales que mantienen el statu quo, y optaron por proyectos unionistas emancipatorios y políticas de diversificación comercial con socios del sur global (Russell y Tokatlian 2006, 266). La política exterior de este grupo de países buscó el fortalecimiento político, la potencialización del desarrollo social y temas de seguridad-defensa, distanciándose de objetivos tradicionales basados en el comercio e inversiones y otorgando prioridad al papel del Estado, la coordinación política y los acuerdos intergubernamentales en una agenda multidimensional.

La investigación trató de explicar la relevancia de factores estructurales y domésticos que influyen en el alineamiento de la política exterior de los Estados latinoamericanos en su relación con la potencia hegemónica de Estados Unidos y la potencia emergente de China. Sobre el fundamento teórico del neorrealismo, se postuló el argumento de que la política exterior de los países periféricos se define con base en cálculos de costos, beneficios y riesgos que se conjugan para perseguir su interés nacional y ganar mayores márgenes de autonomía en su acción exterior alineándose con las potencias internacionales. Por ello, se introdujeron variables relacionadas con la distribución del poder mundial, el peso de un Estado en el escenario internacional, la interdependencia económica, factores ideológicos y de democracia; y se capturó la influencia de cada uno de estos elementos en la alineación política desde 1970 hasta el 2015.

Los resultados obtenidos comprueban, con variedad de grado, las hipótesis formuladas. Se apunta a la consolidación de China como el actor preponderante en las dinámicas internacionales con América Latina en el marco de un declive significativo de EE. UU. en el entorno regional. El alineamiento de los votos en el seno de la AGNU demuestra que desde la década de los setenta, y con mayor intensidad en la etapa del multipolarismo, el aumento de poder relativo de China en el ámbito internacional ha permitido a los países periféricos latinoamericanos tener mayores márgenes de maniobra en el ejercicio de su política exterior y disminuir el dominio político de la potencia americana en la región. Esto coincide con el giro ideológico hacia la izquierda que experimentaron varios países latinoamericanos, caracterizado por el intento de fortalecer las relaciones sur-sur impulsando la generación de iniciativas que fortalezcan modelos propios de desarrollo autosuficiente.

Los ciclos políticos en América Latina, aunados a los procesos ideológicos y proyectos programáticos de los gobiernos latinoamericanos, se posicionan como los elementos nodales para el entendimiento de la acción exterior de los países periféricos y su rol frente a las potencias mundiales, en este caso EE. UU. y China. Las dinámicas internas se configuran como elementos centrales que inciden en los procesos internacionales, especialmente una vez inaugurado el nuevo milenio; por ello, un análisis de los giros ideológicos y la involución de la democracia en la región resulta fundamental. Otro de los factores que tiene alta incidencia en el modelo aplicado es la interdependencia económica y el vínculo que genera con el gigante asiático, que en los últimos años se ha consolidado como el primer socio comercial de algunos de los principales países sudamericanos.

Este trabajo abre nuevas vías de investigación para analizar los desafíos de una posible doble dependencia externa generada por el fortalecimiento de la presencia China en la región, y entender así las áreas preferentes en las que ocurre este nuevo alineamiento. Varios estudios señalan que la retórica sur-sur aupada por los gobiernos sudamericanos y plasmada en las renovadas relaciones con China siguió patrones temáticos relacionados con temas de derechos humanos o en las áreas de política y seguridad. Para ello, esta investigación encuentra útil el uso de las resoluciones adoptadas en AGNU como variable dependiente y proxy del comportamiento de los Estados en las dinámicas internacionales.

“La reemergencia del gigante asiático como una potencia en ascenso está cambiando la distribución del poder mundial y ha puesto en disputa el liderazgo hegemónico estadounidense.”

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