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ASIMÉTRICAS, RELACIONES DE PAÍSES DE AL CON CHINA

Asimétricas, relaciones de países de AL con China
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No hay razón para decir que políticamente China representa para América Latina una alternativa de autonomía política y económica respecto de Estados Unidos
10.01.2022 12.00 AM

La fortaleza acumulada por China en la economía mundial durante los últimos cuarenta años se ha traducido en una "consecuencia no deseada" para otros países y regiones, como América Latina, tal vez no fuera el "plan original" de China convertirla en su periferia, sino que es el resultado de la estrategia industrial elegida por China la que ha creado una consecuencia involuntaria para otros países, tanto del Norte como del Sur, porque esas relaciones están impulsadas por la ley del valor y la lógica económica del capitalismo.

A partir del análisis de publicaciones recientes, investigaciones, estudios de campo y datos estadísticos sobre las relaciones económicas entre China y la región, América Latina: Una interpretación para explicar la nueva relación centro-periferia con China de Raúl Bernal-Meza, sostiene que estas se caracterizan por una estructura de relaciones centro-periferia, que se ha desarrollado en unas pocas décadas. El texto ofrece una explicación e interpretación sobre dicha morfología y brinda un diagnóstico sobre la evolución y prospectiva de esas relaciones.
La modelización “centro-periferia”, con la cual Prebisch identificó los dos segmentos en que se dividían los países por su estructura económica se completó con el surgimiento de una categoría intermedia, “semi-periferia”, que caracterizaría a ciertas sociedades por la presencia de grandes mercados internos, importantes clases medias y relativo progreso en el desarrollo industrial.

Las relaciones económicas entre China y América Latina se desarrollan en la fase del capitalismo histórico, identificada como globalización/mundialización (Bernal-Meza), que corresponde al período de lo que Polanyi llamó la gran transformación en la historia mundial: el surgimiento del capitalismo de mercado bajo diferentes variedades del capitalismo. China representaría el modelo más exitoso y Brasil el único latinoamericano del grupo de modelos alternativos a los ejemplos anglosajón, renano y japonés (Becker). La decadencia del desarrollo industrial y tecnológico detuvo su espiral de crecimiento, manteniéndolo en la semi-periferia económica y de “periferia” en relación a China (Bernal-Meza). Li y Shaw aplicaron la interpretación de Polanyi al análisis de las relaciones entre China y África, para explicar la relación centro-periferia, de carácter imperialista, que no se da en el caso latinoamericano. Sin embargo, ella ayuda a comprender la relación con América Latina porque esta es parte de la periferia china y quizás su segmento más importante, por las características de Sudamérica: presencia de dos economías intermedias Brasil y Argentina que desde las primeras décadas del siglo XX habían avanzado hacia la semi-periferia gracias a sus procesos de industrialización—; grandes mercados de consumo — Brasil, Colombia y Argentina—; reservorio de minerales estratégicos (cobre, litio), alimentos (soja, carnes) y otros recursos naturales (energía, hierro, agua; riquezas ictícolas), etc.

El extraordinario ascenso de China en la estructura de poder económico mundial, un hecho sin precedentes en la historia del capitalismo (Li; Li Minqi) impactó sobre la región latinoamericana que quedó a la cola del desarrollo científico-tecnológico e industrial. De acuerdo con Muchie y Li “China´s emergence will, on the one hand, unavoidably generate power shift and shape the international order in new ways, but on the other hand help construct a new type of balance of power in world politics based on multilateralism and institutionalism”. El hecho de pasar de la periferia al centro en menos de cuarenta años generó profundas transformaciones en las relaciones entre el centro, la semi-periferia y la periferia (Li; Li y Christensen). Ese movimiento hacia el centro modificó la jerarquía de posiciones en la estructura económica mundial y se transformó en una fuente potencial de conflictos con los países que van quedando rezagados en el proceso, en particular aquellos como Brasil y Argentina, que habían iniciado su industrialización en los años 1910-1920 y que hacia 1970 ya eran identificados internacionalmente como parte del segmento “semi-periférico” de la economía mundial (Arrighi; Wallerstein) sustituyendo sus producciones y mercados de exportación industriales. Esto fue señalado por Li y Li y Christensen, quienes sostuvieron que se preveía que el ascenso económico de China y su presencia en las zonas de la semi-periferia, plantearía más retos y restricciones al desarrollo de los países más atrasados. Como señala Bernal-Meza, los desafíos para los países periféricos y semi-periféricos derivan de las consecuencias de la exitosa modernización china. Lamentablemente para la región, “las características que presenta el comercio entre la región y China son difícilmente modificables en plazos breves. Su carácter inter-industrial es el resultado principalmente de la complementariedad entre las respectivas dotaciones actuales de factores productivos” (CEPAL).

El origen, desarrollo y profundización de la relación centro-periferia tiene dos causas. Primero, la enorme diferencia en el desarrollo científico-tecnológico que China ha acumulado. Segundo, la gran brecha de productividad: muy alta en China y muy baja en toda América Latina. En conclusión, siete argumentos permiten sostener el diagnóstico complejo acerca del carácter de la relación bilateral chino-latinoamericana:

1. No hay razón para decir que políticamente China representa para América Latina una alternativa de autonomía política y económica respecto de Estados Unidos. Más allá de que China haya asociado a Brasil a su agenda de intereses en la cooperación sur-sur y en el marco de BRICS (Bernal-Meza), ni Brasil ni otros países de la región han sido asociados por China a sus estrategias internacionales en relación a los temas de la política mundial: seguridad estratégica; conflictos regionales; reforma y ampliación del Consejo de Seguridad, etc. Pero la búsqueda china de primacía económica mundial ha hecho que América Latina desempeñe un papel importante en su estrategia internacional. Como señalan Moneta y Cesarín, los objetivos chinos en la región convergen con sus aspiraciones globales como un poder creciente; la voluntad de proyectar el poder hacia la periferia estadounidense y acceder a los recursos naturales esenciales para sostener su crecimiento económico.

2. Las relaciones políticas de China con América Latina siguen un patrón de pragmatismo y juegan según los intereses económicos chinos.

3. Tanto el comercio como las inversiones están en relación con los intereses nacionales chinos, en el sentido que proporcionan seguridad alimentaria, insumos básicos, comunicación estratégica, y acceso al transporte (Oviedo; Sevares).

4. América Latina desempeña un papel importante en la estrategia capitalista global china a través de la especialización productiva y el comercio interindustrial.

5. China tiene impactos negativos en los procesos de integración de América Latina, en particular del Mercosur, al sustituir los flujos comerciales y estimular la especialización. Este fenómeno desagrega la relación económica internacional de los países sudamericanos y los aleja entre sí, debido a la falta de complementariedad y al aumento de la competencia productiva entre sí.

6. La complementariedad comercial y la armonía del intercambio no contribuyen al desarrollo y la modernización productiva e industrial de los países de la región, ya que ambos se producen en relación con un actor externo a la región que fortalece la especialización productiva.

7. A través del comercio, las inversiones y los préstamos, existe el riesgo que los gobiernos de algunos países latinoamericanos sufran presiones del Estado chino, como se ha observado en las dos economías más industrializadas: Brasil, a través de las inversiones chinas en el sector eléctrico (Becard, et. al), segmento económicamente estratégico y en el caso de Argentina, a través de la negociación de acuerdos con la inclusión de la cláusula del cross default, que determina que una vez negociados los términos de un contrato que incluye varios proyectos, la revisión de uno de ellos pondrá fin a todos ellos. De esta forma, se ata toda la red de acuerdos negociados entre China y Argentina (Bernal-Meza y Zanabria). Este mecanismo ha impedido a la Argentina renegociar con éxito las condiciones de los acuerdos firmados con Beijing bajo los gobiernos de Cristina Fernández, cuyas condiciones han sido consideradas muy beneficiosas para China, pero no para Argentina (Bernal-Meza y Zanabria; Oviedo; Sevares).

La fortaleza acumulada por China en la economía mundial durante los últimos cuarenta años se ha traducido en una "consecuencia no deseada" para otros países y regiones, como América Latina. Tal vez no fuera el "plan original" de China convertirla en su periferia. Es el resultado de la estrategia industrial elegida por China la que ha creado una consecuencia involuntaria para otros países, tanto del Norte como del Sur, porque esas relaciones están impulsadas por la ley del valor y la lógica económica del capitalismo. No parece haber un proceso colonial entre China y América Latina, a pesar de que algunas características históricas se repitan pues existe subordinación y dependencia económica y financiera.

Factores de fortaleza que subrayan el auge económico chino también son expresión de las debilidades de los países de la región. La contracara del éxito chino es el fracaso de América Latina, pues al amparo y la protección del modelo de industrialización por sustitución de importaciones, ni el sector privado que se benefició de los mercados cautivos, ni el Estado, que no impulsó su apoyo, ni las universidades, hicieron la necesaria inversión en ciencia y tecnología. El desarrollo tecnológico y la relación innovación-desarrollo no fueron una política pública ni del sector privado. La consecuencia fue la primerización y re-primerización económica. Este proceso ha sido acompañado por una muy eficiente y exitosa diplomacia china (Ferrando; Rodríguez y Yan) basada en la win-win rhetoric de los principios de la cooperación Sur-Sur (Bernal-Meza).

América Latina debería poner atención no solo en la inversión, el comercio y la tecnología que comienzan a dominar ampliamente, sino en la "economía política" generada por el auge económico de China: cuáles son los efectos y consecuencias de la estructura de relacionamiento bilateral vis-à-vis las relaciones económicas y políticas internacionales de cada parte, en el marco de la evolución del sistema capitalista mundial.

China tuvo un plan que siguió durante 40 años para convertirse en lo que es. No vemos un ejemplo similar en ningún país latinoamericano. La naturaleza de la relación bilateral debe considerarse una consecuencia del análisis precedente. La posición alcanzada por China y el poder económico-científico-tecnológico que la sustenta ponen en evidencia el rotundo fracaso de las estrategias de desarrollo implementadas por América Latina.

“China tiene impactos negativos en los procesos de integración de América Latina.”

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