NOTICIAS VER TODOS
NOTICIAS

FOMENTA DESIGUALDADES INDUSTRIA DE LA MODA

Fomenta desigualdades industria de la moda
FOTO: IG @mexanis_c Photo VER FOTOGALERÍA
Por más que algunas casas de moda o diseñadores intentan pagar un monto “justo”, la realidad hasta hoy es la de una relación inequitativa
05.01.2022 12.00 AM

Historiadores, antropólogos, sociólogos, especialistas del arte y conservadores-restauradores coincidieron en la necesidad de lograr relaciones más equitativas entre diseñadores y productores mestizos o indígenas.

La coordinadora del Seminario de Estudios sobre Indumentaria y Modas en México, de la UNAM, Julieta Pérez Monroy, comentó en entrevista que en las actividades de esta instancia uno de los temas que mayor discusión genera entre los especialistas es la apropiación de los textiles o diseños de comunidades de pueblos originarios y también mestizos, los cuales son utilizados y lanzados por algunas marcas mexicanas y extranjeras.

Los antropólogos Roberto González y Brenda Mondragón, también integrantes permanentes del Seminario, consideraron que en las relaciones entre comunidades productoras de textiles y las empresas que diseñan o venden modas, se observa marcada desigualdad.

Ejemplo de ello son las artesanas de Hueyapan, Puebla, a quienes hasta 2019 se les pagaban quince pesos por hora de trabajo, que incluían los costos de la materia prima y, a veces, los viáticos.

En Tenango de Doria, Hidalgo, las bordadoras pueden vender un camino de mesa en ochocientos pesos, pero quienes lo revenden fijan precios de cinco mil a seis mil pesos. Como estos casos hay muchos más y con diversas variables, acotan.

Por más que algunas casas de moda o diseñadores intentan pagar un monto “justo”, la realidad hasta hoy es la de una relación inequitativa con otra desventaja: la carencia de una regulación clara de derechos de autor con las especificidades que requiere este campo, advirtieron los especialistas.

Pérez Monroy añadió que hay creadores que trabajan con ellos y les remuneran, “aunque los colegas consideran que el pago es desproporcionado en relación con lo que ganan y lo que pagan a indígenas y mestizos por sus diseños; sin embargo, en ocasiones para estos últimos representa una ayuda, aunque también hay reacciones de molestia, porque ellos no pueden aspirar a las ganancias que los diseñadores mexicanos o extranjeros obtienen”.

Recordó se trata de un Seminario multidisciplinario fundado en 2013, adscrito al IIE, cuyo propósito es estudiar la indumentaria, las modas y los textiles, a partir de diferentes enfoques teórico metodológicos en relación con el cuerpo, la cultura, la vida cotidiana y la economía entre otros.

Otro tópico de interés para analizar es reutilizar la ropa. Una vez que se adquirió y cumplió su primer ciclo, se puede volver a vender (como algunas jóvenes lo llevan a cabo mediante una aplicación) o darse en donación, de esta manera continúa circulando. Por otro lado, está la fast fashion; es decir, los grandes volúmenes producidos por la industria con materiales de desecho en función de las tendencias y una necesidad inventada de innovación.

La confección de ropa y accesorios es una de las principales actividades contaminantes en el mundo, de ahí la conveniencia de reciclar o reutilizar las prendas de vestir, y que en la actualidad se hable de consumo responsable, la historiadora del arte.

Más adelante, la también especialista del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE) comentó que a partir de la perspectiva de género, el simbolismo y valores sociales en el vestir de hombres y mujeres no es el mismo. Hay quienes sostienen que es por mostrar una identidad e identificarse con algo, puede ser género o nacionalismo, pero también hay posturas que ponen énfasis en la parte estética: el ser humano se viste para exhibir algo ante los demás.

Se considera que la moda tal y como la conocemos hoy, tuvo su origen a mediados del siglo XV, a principios del periodo conocido como Renacimiento Europeo. Aunque desde la llamada prehistoria las personas se cubrían con pieles de animales para protegerse del frío, como sistema con determinadas funciones de producción, consumo, social, de poder y cultural tiene menos tiempo con el ser humano, consideró Pérez Monroy.

Refirió que existen discusiones en torno a la validez del término para todo tiempo y lugar. Mientras que para algunos solo se otorga en la modernidad y hasta nuestros días, para otros se puede explicar de manera universal.

En el Seminario, continuó, llegamos a la conclusión de que se ha dado en diferentes épocas y espacios geográficos, aunque no como sistema, es decir, involucra más allá de cómo vestirse o cuánto tiempo hacerlo de determinada manera, por ejemplo el uso de la minifalda, uno de los íconos más perdurables de la década de 1960.

Esa prenda, que formó parte de la cultura juvenil emergente de la época, involucra la producción de las fibras textiles, las telas, su confección, circulación, publicidad, gustos, valores y el imaginario colectivo, además de que abarca diferentes aspectos de la vida social.

Pérez Monroy destacó que aun cuando existen usanzas cíclicas, sus valores y aspiraciones nunca serán iguales como ocurrió con la minifalda, una expresión de esa cultura de los jóvenes y del inicio del movimiento de liberación sexual que trajo la invención de la píldora anticonceptiva, por ejemplo. Luego dejó de usarse y volvió a ser novedad en la década de 1980, pero ya no tenía el mismo significado ni se utilizaban las mismas telas en su confección; “tampoco importaba si se usaba cinco o 15 centímetros arriba de la rodilla”.

Dar "segunda oportunidad" a la ropa reduce contaminación

En la Ciudad de México se desechan tres mil 700 millones de toneladas de residuos textiles al año, sobre todo de ropa de cama e interior, así como cortinas, y sólo se recicla el uno por ciento, revelan datos de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

En contra parte, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) considera que la producción en esta industria es de las más dañinas y contaminantes para el medio ambiente, ya que es responsable de 20 por ciento de las aguas residuales globales y 10 por ciento de las emisiones totales de carbono.

“Parece que el deseo de consumo es infinito mientras que la realidad es que vivimos en un planeta que ya está alcanzando sus límites, se están deteriorando los recursos naturales, además de consumir los de las próximas generaciones”, alertó el responsable del área de Consumo Sustentable en la Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad (COUS) de la UNAM, David Sébastien Monachon.

Aseguró que si realmente se quiere dejar un mejor futuro, se requiere hacer cambios en el consumo excesivo de productos como los textiles, cuya producción y comercialización no son sustentables.

De acuerdo con información del portal de la organización ambientalista internacional Greenpeace, la contaminación que genera la producción de ropa es de aproximadamente 500 mil toneladas de microplásticos al año que llegan a los océanos. Además, se estima que 73 por ciento de las prendas producidas anualmente termina incinerada o en basureros, lo que contribuye a la polución del suelo y aire.

“Algunas empresas de ropa aprovechan la credulidad de la gente y sus reales preocupaciones relacionadas con el cuidado del medio ambiente para lanzar campañas de comunicación y marketing que buscan generar mayor consumo y, con ello, ganancia. Esto ocurre sobre todo cuando a las prendas o artículos de uso personal las acompañan etiquetas y mensajes relacionados con lo verde o lo ecológico, sin tener un real sustento en la realidad. A esto se le conoce como greenwashing, la sustentabilidad se puso por sí misma de moda y hace vender”, explicó.

El universitario recordó que el economista estadounidense Joseph Schumpeter teorizó el tema de las innovaciones como una curva que sube hasta que deja de ser novedoso y cae porque viene otra cosa innovadora. Por tanto, ocurre algo similar en el mundo de la ropa y de la moda: cuando el consumo baja, se crea nueva moda para impulsar un consumo sin fin.

“Conciliar lo económico, lo social y lo ambiental es difícil para la producción y comercialización de productos textiles, ya que el producto puede quedar inaccesible para la mayor parte de la población; las condiciones laborales de los trabajadores de la empresa que produce la prenda pueden ser deplorables, y la desinformación complica la tarea del consumidor para identificar cuáles son sus mejores opciones. Además, los procesos de fabricación no son, a menudo, libre de impactos sobre el ambiente; por ejemplo, para teñir las prendas se gasta demasiada agua o se usan colorantes químicos dañinos que al final impactan al medio ambiente y a nuestra salud”, refirió.

Algunos estudios mercadológicos indican que en la época decembrina en los hogares se gasta más en alimentos y bebidas, ya que los festejos se basan en la comida; pero en promedio también consumen ocho mil 433 pesos en hogar y jardinería, y mil 448 en ropa.

“La indagación y la educación ambiental son el mejor respaldo que puede haber antes de consumir productos textiles, ya que primero debemos reflexionar si realmente es necesario comprar más prendas de vestir; en caso de que sí se consuma, revisar la calidad de los tejidos para cerciorarse que la prenda durará más tiempo y alejarse de los eslogan que pretenden vincular las formas de consumo con la identidad o la culpabilidad, sentirse ‘cool’ o comprar ‘verde’ no es necesariamente sustentable”, sugirió David Monachon.

Para realizar un consumo responsable de estos materiales, añadió, también es importante contar con información acerca de cuál es su origen, procesos de fabricación y producción, y saber quiénes están detrás de esto.

“Para evitar más desperdicios y contaminación ambiental existen otras alternativas para darle un segundo uso a las prendas de vestir, como llevarlas a tiendas comerciales que fomentan el reciclaje textil u optar por bazares donde se les da a las prendas una segunda oportunidad, pero antes de todo, debemos reducir nuestro consumo, alejarse de las modas ‘yoyo’”, aconsejó el académico.

“Alertaron que los diseños textiles de pueblos originarios de 800 pesos, las empresas los revenden en cerca de seis mil pesos.”

  • Compartir
  • IMPRIMIR

  • RECOMENDAR
En el olvido, ciudadanización del legislativo y parlamento abierto
NOTICIAS

EN EL OLVIDO, CIUDADANIZACIÓN DEL LEGISLATIVO Y PARLAMENTO ABIERTO

Photo VER FOTOGALERÍA
NOTICIAS VER TODOS