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PARTICIPACIÓN CHINA EN COMERCIO DE AL, FUERA DE LA DISPUTA CON EU

Participación china en comercio de AL, fuera de la disputa con EU
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El análisis de las balanzas comerciales evidencia que el mayor crecimiento de las relaciones comerciales de la región con China va en detrimento de los intereses comerciales y políticos de EU
20.10.2021 12.00 AM

La participación de China en las exportaciones e importaciones de los países de América Latina se ha venido incrementando a un ritmo que parece no estar influenciado por la pugna reciente con Estados Unidos por la hegemonía.

El rápido ascenso de China en la esfera económica mundial y los esfuerzos de Estados Unidos para mantener su rol hegemónico en el sistema internacional ha tenido consecuencias adversas como la más reciente guerra comercial entre las dos mayores economías del mundo y la consecuente disminución de los intercambios comerciales. La balanza comercial de América Latina con China y Estados Unidos en el contexto de la guerra comercial entre Trump y Xi Jinping, de Rafael Barrera, Llaneth Suárez y Leonel Ospina, muestra el marco reciente en que se desarrolla la relación comercial de Latinoamérica con Estados Unidos y China, y luego analiza los indicadores de comercio de América Latina con estos dos países. El método de estudio consistió en un análisis de las cifras de las relaciones comerciales en términos de los valores de las importaciones y exportaciones entre los países.

El presente texto se divide en cinco partes. En la primera, se presenta el marco teórico, que aborda dos posturas económicas evidenciadas en la guerra comercial: proteccionismo y libre cambio. En la segunda, se revisan algunos antecedentes de la pugna entre Estados Unidos y China, previos a la llegada de Trump a la Casa Blanca. En la tercera, se muestra el inicio de las relaciones entre Trump y Xi Jinping y el desarrollo de la guerra comercial. En la cuarta, se señalan las diferencias en las relaciones comerciales de América Latina con Estados Unidos y China en los últimos cuatro años. Finalmente, en la quinta, se hace una reflexión a modo de conclusión.

En el marco reciente de la disputa por la hegemonía entre Estados Unidos y China, se evidenciaron dos posturas claras en el ámbito comercial: una vinculada con el proteccionismo y el aislacionismo, defendida por el gobierno del presidente Trump, y otra que propende por la libertad de comercio, defendida por el gobierno del presidente Xi Jinping. La primera apunta a una lógica basada en la fuerza, con un marcado acento mercantilista que aboga por las restricciones al comercio y un rechazo al multilateralismo. La segunda, mantiene el apego a las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), de las que ha salido beneficiada, y una defensa del multilateralismo. Dicho marco permite cuestionarse sobre las relaciones comerciales de América Latina y el Caribe con los dos países.

En Estados Unidos, el número de empleos en el sector manufacturero doméstico entre 1998 y 2016 disminuyó en 5,3 millones, mientras que 60 000 fábricas cerraron (Pauken, 2020). Trump pretendía detener el retroceso en la producción de manufacturas, aumentar el empleo y mejorar las exportaciones. Al renegociar acuerdos comerciales, con la pretensión de fortalecer su posición hegemónica, buscaba imponer condiciones favorables a los intereses de sus empresas transnacionales y detener el avance de China (Guillén, 2018; Novak y Namihas, 2018). Su política recuerda la época mercantilista, en la cual las relaciones comerciales se incrementan y las medidas económicas restrictivas se convierten en un instrumento de presión que determina las relaciones políticas y económicas entre naciones.

Xi busca mantener y potenciar la posición alcanzada por China. El gigante asiático, además de cumplir con las obligaciones como miembro de la OMC, se convierte en su defensor, aboga por el sistema multilateral de comercio, critica el proteccionismo y el unilateralismo. El respeto y la cooperación, junto con la equidad y la justicia, se consideran los elementos que deben caracterizar las relaciones internacionales de China (OMC, 2018). Dichas políticas se fortalecen luego de la reelección del presidente Xi Jinping en 2018, y de que quedara consignado su pensamiento en la Constitución del Partido Comunista Chino.

América Latina y el Caribe históricamente ha tenido mayores vínculos comerciales con Estados Unidos que con China, aunque en años recientes ha aumentado la cercanía y los vínculos comerciales con el gigante asiático. Los dos países son los mayores inversionistas actuales de la región y muestran diferencias en la manera en que se relacionan con Latinoamérica. Estados Unidos evidenció un desinterés abierto hacia la región en los últimos años a la par de un discurso poco amigable, al contrario de lo ha mostrado China, que devela su interés y se acerca a los diferentes países en una tónica de integración no solo comercial, sino de inversión. “Los flujos de inversión china hacia Latinoamérica superaron los 150 mil millones de dólares en los últimos 12 años [...] lo que hace a China uno de los principales inversionistas de la región” (Bencivellli y Tonelli, 2020, p. 79).

El aumento del monto y variedad de las inversiones chinas en la región se da a partir de 2010, año a partir del cual se registraron, según la Comisión Económica para América Latina (Cepal), entradas superiores a los mil millones de dólares anuales. Así mismo, para el período 2005-2019: “China se ubicó después de los Estados Unidos como el segundo origen de fusiones y adquisiciones transfronterizas en lo que atañe al monto, y tuvo más peso que otros inversores históricos de la región” (Cepal, 2021, p. 109). Existe un espacio que China pretende ocupar en la región y el ámbito comercial puede dar algunas señales de esto. En este artículo se muestra que la diferencia de políticas comerciales en el marco de la pugna reciente entre China y Estados Unidos no conllevaron un cambio significativo en la tendencia de la relación comercial de América Latina con las dos potencias, en que China ha ganado un terreno considerable y Estados Unidos sigue siendo el principal socio comercial de la región.

La disputa por la hegemonía mundial entre EU y China ha mostrado dos posturas claras en temas comerciales. Una relacionada con el proteccionismo y unilateralismo que defiende EU los cuales, aunque no son nuevos, tomaron una nueva forma con la llegada del presidente Trump al poder. La segunda postura, promulgada por China, evidencia el haber sabido utilizar las reglas de juego que se le impusieron para poder entrar a la OMC y ocupar un espacio mayor en el panorama internacional. China se convierte en defensor de un sistema multilateral en donde se ve como un país en desarrollo que lidera cambios a nivel global, con una perspectiva clara de largo plazo y con un liderazgo importante de su presidente.

La reciente pugna entre EU y China, que aún no termina, evidenció de manera clara las dificultades que tiene EU para dictar las reglas del juego que le permitan establecerse de nuevo como el actor más importante a nivel global. China no solo ha respondido a las medidas tomadas por EU, sino que se ha puesto en riesgo su estabilidad económica, así como la del resto del globo. Estados Unidos al no ser el único actor relevante y con fuerza militar y económica del planeta, deja de ser el único punto de referencia para las actividades económicas y, entre estas, las relaciones comerciales.

A diferencia de lo ocurrido a finales del siglo pasado, en donde América Latina se encontraba con un solo punto de referencia para el desarrollo de sus relaciones comerciales, este siglo ha mostrado de manera clara que no hay un solo actor hegemónico que determine los lineamientos que las demás naciones han de seguir. Las disputas que se generen afectan con mayor velocidad al resto de naciones y se muestran como una oportunidad para pensar y repensar el papel que tiene América Latina en el globo. Sin embargo, las disímiles condiciones materiales, sociales y políticas que vive la región dificultan tal accionar y dejan solo espacio para seguir actuando como proveedores de materias primas al resto del mundo.

Es evidente el papel que actualmente juega China para los países de Latinoamérica en sus relaciones comerciales. La participación de China en las exportaciones e importaciones de los países de la región han venido incrementando a un ritmo sin precedentes que hace que China sea el segundo socio comercial más importante después de Estados Unidos. Las relaciones comerciales entre China y Latinoamérica no son coyunturales, estas se vienen dando hace varios lustros y responden a un plan del gigante asiático que va más allá del intercambio comercial, pero que no encuentra una respuesta en conjunto de los países de Latinoamérica, lo cual es una desventaja para estos.

El análisis de las balanzas comerciales evidencia que la pugna reciente por la hegemonía entre China y Estados Unidos no ha influenciado la relación comercial que América Latina ha tenido con estas dos potencias. No cambia la tendencia de la participación de EU y China en el total de exportaciones e importaciones de los países de Latinoamérica; sin embargo, el mayor crecimiento de las relaciones comerciales de la región con China va en detrimento de los intereses comerciales y políticos de los EU en Latinoamérica.

La relación trilateral entre Latinoamérica, China y EU se presenta como un campo con gran potencial para posteriores investigaciones con el fin de identificar posibles tendencias comerciales y políticas, y para intentar mitigar los posibles efectos adversos que una guerra comercial de larga duración pueda traer para los países de la región. De acuerdo con lo anterior, conviene preguntarse sobre la posibilidad de generar una estrategia conjunta entre los países de Latinoamérica para responder a los intereses de las dos potencias.

“China se convierte en defensor de un sistema multilateral en donde se ve como un país en desarrollo que lidera cambios a nivel global.”

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