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VINCULAN EROSIÓN DE SUELOS Y CARENCIA ALIMENTARIA EN MÉXICO

Vinculan erosión de suelos y carencia alimentaria en México
FOTO: CONAFOR Photo VER FOTOGALERÍA
En las últimas décadas, la erosión de suelos ha sido desatendida y mal enfocada por parte de los programas gubernamentales, por ello, este problema se sigue extendiendo a nivel nacional
30.07.2021 12.00 AM

Existe una clara conexión entre la erosión de suelos agrícolas de temporal y la carencia alimentaria de la población a nivel agregado en el país.

El deterioro de la calidad de los suelos, debido a la pérdida de fertilidad y su erosión, pueden limitar la autosuficiencia y la seguridad alimentaria, lo cual afectaría principalmente a pequeños agricultores que dependen de sus rendimientos para su subsistencia, pudiendo incrementar su pobreza alimentaria. Cerca de la mitad de los suelos mexicanos se encuentran degradados y su efecto en la autosuficiencia alimentaria ha sido poco estudiada, explican Helena Cotler, Alfonso Corona y Mauricio Galeana en Erosión de suelos y carencia alimentaria en México: una primera aproximación.

A través del cruce de información de fuentes oficiales (INEGI, CONEVAL, SEMARNAT) a nivel nacional sobre la relación entre la erosión de los suelos agrícolas de temporal, con destino de autoconsumo y la carencia alimentaria en México se pudo observar una relación positiva moderada entre ambas variables. Aunque los resultados no implican una relación causal, los estados que presentan un mayor aporte al coeficiente de correlación son Guerrero, Michoacán, Guanajuato y Estado de México.

La erosión de suelos constituye una seria amenaza a la sustentabilidad alimentaria, principalmente porque el suelo es un recurso limitado y su presencia constituye un “límite planetario” para la expansión agrícola. A nivel mundial se estima que el 40% de la tierra agrícola presenta serios impactos en su productividad debido a procesos de degradación de suelos, cantidad que puede elevarse a 75% en algunas regiones.

La erosión de suelos constituye un proceso dinámico complejo que ocasiona el deterioro de sus propiedades físicas, químicas y biológicas, pérdida de nutrientes, reducción de la productividad agrícola y eleva los costos de producción. El deterioro de la calidad de los suelos, a través de la pérdida de fertilidad y su erosión, puede limitar la autosuficiencia, la seguridad y soberanía alimentaria, lo cual afecta principalmente a pequeños agricultores que dependen de sus rendimientos para su subsistencia. La calidad de los suelos determina la productividad agrícola, y con ello los ingresos familiares. La baja productividad limita las inversiones de capital humano en suelos y la adopción de nuevas tecnologías. Los suelos pobres y la pobreza humana pueden, por lo tanto, reforzarse mutuamente, creando una “trampa de pobreza”.

En función de la resiliencia de los suelos, la erosión puede ocasionar impactos con distintas temporalidades, efectos acumulativos que se traducen en una menor capacidad de soporte, nutrición y disponibilidad de agua hacia las plantas, lo cual merma su rendimiento. La intensidad de este impacto dependerá de condiciones locales de clima, topografía, tipo de suelos y manejo. Históricamente se ha reconocido la influencia perjudicial de la erosión de suelos sobre las sociedades agrícolas, asociándolas con el auge y la subsecuente decadencia de sociedades en el Medio Oriente, Grecia, Roma y Mesoamérica.

En México, la agricultura se encuentra principalmente en manos de pequeños agricultores de temporal. En 2014, 70.5% de las unidades de producción eran menores a 5 hectáreas y estaban dedicadas a la siembra de maíz y frijol con un limitado apoyo gubernamental a través esencialmente de subsidios asistencialistas.

La agricultura de temporal anual se practica en todo el país, bajo distintos climas, suelos, condiciones orográficas contrastantes y con sistemas de producción muy diversos. Esta pequeña agricultura no solo mantiene los alimentos básicos de la dieta mexicana (maíz y frijol) sino que protege la agrobiodiversidad y representa una oportunidad para dinamizar las economías locales.

La seguridad alimentaria se cumple cuando “todas las personas, en todo momento, tienen acceso físico y económico a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos, para cubrir sus necesidades y preferencias alimentarias para una vida activa y sana” (FAO, FIDA, UNICEF, PMA y OMS). Cualquier situación que la comprometa da como resultado inseguridad alimentaria. Si bien en los últimos 20 años la tendencia en pobreza (o carencia) alimentaria ha ido disminuyendo en México, en 2016 todavía 24.6 millones de personas (19.8% de la población total) se encontraban en pobreza alimentaria (CONEVAL). Esto significa que casi uno de cada cinco habitantes aún carece de los recursos para satisfacer sus necesidades nutricionales mínimamente adecuadas. Por otro lado, la mayor pobreza alimentaria se encuentra en el medio rural, donde cuatro de cinco habitantes se ubica en esta condición. En particular, la pobreza alimentaria en las regiones indígenas se extendió hasta 35.3% de la población en 2012.

La relación entre degradación de suelos y pobreza ha sido mencionada en diversos trabajos a nivel internacional y especialmente analizada para el caso del continente africano. Sin embargo, este tema aún no ha sido desarrollado ni discutido en América Latina y particularmente en México.

El objetivo de este trabajo consiste en realizar un primer acercamiento cartográfico y estadístico sobre la relación entre la erosión de los suelos agrícolas de temporal, cuyo destino es el autoconsumo y la carencia alimentaria en México.

El estudio presenta una ruta metodológica para realizar una primera aproximación entre la erosión de suelos y la pobreza alimentaria de agricultores de temporal, a través de fuentes gubernamentales. Sus resultados muestran que existe una correlación positiva media entre estas dos variables y que la correlación mayor se encuentra en los estados de Guerrero, Michoacán, Oaxaca, Jalisco, Guanajuato y Estado de México.

La importancia de ambos temas, la seguridad alimentaria y la erosión de suelos están distribuidos en tres Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): Fin de la pobreza (ODS 1), Hambre cero (ODS 2) y Vida de ecosistemas terrestres (ODS 15), los cuales se encuentran interconectados por la producción agrícola, responsable de producir “comida nutritiva a todo el planeta, así como generar ingresos decentes, apoyar el desarrollo centrado en las personas del campo y proteger el medio ambiente” (Naciones Unidas, ODS). Es así como el fortalecimiento de la seguridad alimentaria requiere de una agricultura sostenible basada en el control de la erosión de suelos y el mejoramiento de su calidad para garantizar una oferta suficiente de alimentos a nivel familiar primero y luego a nivel nacional.

A nivel nacional, la generación de indicadores que permitan la evaluación de estos ODS requiere la homologación de escalas, unidades y fechas de las fuentes de información gubernamental. Por otro lado, sería recomendable realizar estudios a nivel local para entender las relaciones existentes entre la erosión de suelos y la pobreza alimentaria.

La producción agrícola, en términos de rendimiento y diversidad, constituye la principal fuente de ingreso de los pequeños productores de autoconsumo. Los suelos constituyen su principal recurso, a partir del cual son capaces de obtener rendimientos con buena calidad nutricional a lo largo del tiempo. El deterioro de los suelos impacta la seguridad y la soberanía alimentaria de los productores, puede limitar la adopción de nuevas tecnologías, fomentar la migración y disminuir el valor nutricional de los alimentos. Los suelos pobres y la pobreza humana pueden, por lo tanto, reforzarse mutuamente, creando una “trampa de pobreza”.

En las últimas décadas, la erosión de suelos ha sido desatendida y mal enfocada por parte de los programas gubernamentales, por ello este problema se sigue extendiendo a nivel nacional, a ritmos muchas veces irrecuperables. Ante los escenarios de cambio climático este proceso puede extenderse y agudizarse, ya que los cambios en cantidad e intensidad de precipitación y los cambios en los patrones espacio-temporales de las lluvias pueden acelerar los procesos de erosión.

La investigación conjunta de dos procesos de naturaleza distinta, como son la erosión de suelos y la carencia alimentaria, requirió la utilización de diversas fuentes de información cuyo propósito responde a diferentes objetivos. Esta integración puede generar una serie de sesgos vinculados a la temporalidad de las fuentes de información, escala, nivel de agregación espacial e incertidumbre en el insumo que, a su vez, puede propiciar sesgos de ambigüedad espacio-temporal. Sin embargo, estos estudios de tipo exploratorio sirven para obtener un panorama a nivel nacional, además de propiciar preguntas de investigación y reflexiones en trabajos futuros con énfasis en insumos de mayor detalle y trabajo de campo que permitan llegar a resultados más finos a nivel regional o local.

Debido a la naturaleza de los insumos empleados, los resultados pueden tener variaciones, ya que la población con carencia alimentaria no necesariamente habita en los polígonos con agricultura, pues la población con carencia alimentaria, reportada en los informes de CONEVAL, se ubica a nivel municipal, y no habita necesariamente en los polígonos con agricultura. Sin embargo, es importante acotar que cuatro de cinco habitantes en pobreza alimentaria viven en el medio rural, así que, si bien los datos de Coneval se encuentran a nivel municipal, estos expresan sobre todo la situación a nivel rural. Por tanto, aunque el resultado de la correlación lineal no implique una relación causal, claramente muestra una conexión entre la erosión de suelos y la carencia alimentaria, que es importante seguir explorando a distintas escalas.

“Los suelos pobres y la pobreza humana pueden, por lo tanto, reforzarse mutuamente, creando una trampa de pobreza.”

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